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Pax Augusta y Horizonte de Dehesas. Soy el eco de las legiones en la Mérida Emerita, la "pequeña Roma" donde el Teatro y el Templo de Diana siguen alzando sus columnas para narrar la grandeza de un imperio que nunca se fue. Soy el orgullo de la Alcazaba de Badajoz, la mayor de Europa, y el misterio de la Torre de Espantaperros que vigila el paso sereno de un Guadiana que es vida y frontera. Soy el alma de mis dehesas infinitas, donde la encina es reina y el sol se funde con el barro en el Turuñuelo de Guareña, revelando rostros de un tiempo que creíamos perdido.
 
Hoy te hablo desde la soberbia blanca de Zafra, la "Sevilla la Chica", y desde la mística de Jerez de los Caballeros, donde el Temple dejó su última huella bajo torres que parecen tocar el cielo. Porque tras mi horizonte de llanuras y trigales late un corazón que ha sabido ser puente con Portugal y vanguardia del Nuevo Mundo. No me mires solo como una tierra de paso o un mapa de pantanos; mírame como la raíz de un carácter recio y hospitalario, el hogar que hoy reclama que tú también te levantes para defender su dignidad y su porvenir. 
 
Desde la nobleza de Olivenza, donde el manuelino abraza al castellano, hasta el rincón más hondo de la Serena y los Barros, desde los castillos de Alburquerque y Feria hasta la soledad habitada de mis pueblos blancos, ya hay quienes han decidido que el olvido no es una opción. No caminamos solos; llevamos con nosotros la memoria de generaciones que nos precedieron, de aquellos que con manos curtidas por el aire de la raya y el arado levantaron este reino de luz, cuidando cada dehesa y cada surco cuando la vida era un desafío constante. 
Ellos son ahora el murmullo de mis embalses y el aliento que agita mis olivares milenarios.
 
Fui capital de la Lusitania y llave de la cristiandad, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio de historia y vida. ¿Estás listo para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que Badajoz necesita?